28ª MEDIA MARATÓN DE MÁLAGA:18 DE MARZO 2018
Amanece un día lluvioso, se cumplieron las predicciones del tiempo para la carrera y no hay más remedio que aceptarlas.
Me invade una sensación de calma, mezclada con esos nervios que siempre se tienen antes de una carrera. No es el día más propicio para intentar conseguir el objetivo, pero no adelantemos acontecimientos.
Ilusión intacta,con las ganas de siempre. Inquieto y concentrado, caliento bajo una suave y persistente lluvia. Me encanta este ambiente de las carreras.
Por suerte, consigo colocarme bastante bien en la zona de salida, incluso por delante de la liebre de 1h 40'.
9:30 h. en punto y empieza la carrera. Ha dejado de llover, pero está todo mojado y hay bastantes charcos, alguno que otro bastante considerable.
Tras los 2 primeros kilómetros compruebo que he salido bien, al ritmo deseado, incluso unos segundos más rápido. He conseguido evitar aglomeraciones y cojo velocidad de crucero. Voy por delante de la liebre, pero voy al ritmo correcto. Es increíble la cantidad de gente que hay animando, a pesar de que el día no acompaña.
Ni rastro de la lluvia, aunque sigue el día nublado. Se agradece, mejor correr así que con un sol de justicia y con calor.
Voy devorando kilómetros y siguen saliendo los tiempos, manteniendo un ritmo constante. Hoy sí, hoy voy súper, con esa marcha más, ese puntito extra que he echado en falta tanto tiempo.
Paso por el kilómetro 8 y tengo a la liebre aún por detrás, a unos 50 metros, acercándose poco a poco: es una buena señal, muy buena.
Voy bastante cómodo, sin sufrir, y de repente me doy cuenta de algo. Acabo de darme cuenta de que llevo disfrutando de ésta carrera no desde la salida, sino desde hace 9 semanas. Me siento mentalmente en paz, he hecho mi trabajo, sin excusas. Le he dedicado toda mi ilusión a estos 2 meses de entrenos, nunca me rendí.
Paso por el ecuador de la carrera, kilómetro 10 y avituallamiento, importante hidratarse bien. He cambiado cosas, este año no me tomaré el gel, probaremos así.
La banda sonora de la carrera nunca falla. Todos los años, animando, con una música instrumental que personalmente siempre me pone la carne de gallina y me motiva.
Kilómetro 11 y me alcanza la liebre. El momento ha llegado, marcaje al hombre.
No hay excusas, no se me puede escapar bajo ningún concepto. Los tiempos siguen saliendo, es sorprendente que marco ritmos muy constantes un kilómetro tras otro, salvo alguna excepción.
Nos acercamos al centro histórico, y me preocupa ese tramo: suelo resbaladizo y estrechamientos. Espero no perder ritmo y no perder tiempo.
La verdad es que el recorrido es precioso, atravesando zonas peatonales y sintiendo el calor de la gente. Es ahí cuando te das cuenta realmente de la gente aplaudiendo, animando, gritando...ufffff.
Sentir estas cosas es lo que me hace desear volver cada año: es difícil conseguir que no se me salte alguna que otra lágrima.
Paso por el kilómetro 15 y apenas he perdido tiempo por las calles del centro. Sigo en condiciones de conseguirlo. Aprieta un poco la liebre, y me empieza a costar seguirla, es hora de apretar los dientes, empiezo a sufrir. Nunca pensé que iba a ser fácil, es la hora de la verdad.
Me encuentro mentalmente fresco, voy bien de ritmo cardiaco y respiración, pero empiezan a pesar las piernas.
Se me escapa la liebre unos metros, pero la tengo ahí, a 10-12 segundos. No la alcanzo pero tampoco se sigue alejando. Estoy tranquilo, sigo cumpliendo los tiempos, pero continúo sufriendo.
Kilómetro 17 y giro a la derecha, enfilando el paseo marítimo. A partir de aquí el recorrido es todo recto hasta llegar al estadio. Faltan sólo 4 kilómetros, hay que resistir. En menos de 20 minutos todo habrá acabado.
Apenas sopla el viento, no llueve y hace una temperatura ideal para correr. Me concentro en mi respiración. No consigo librarme de ésta sensación de pesadez en las piernas, pero mantengo el ritmo.
Me abstraigo de todo, entro en una especie de túnel. Me acerco a la liebre, poco a poco. Estoy logrando mantener el ritmo e incluso aumentarlo mínimamente.
Alcanzo a la liebre justo en el kilómetro 19, nunca perdí la referencia visual de ese globo azul. Me pego a él. Le pregunto y me confirma que vamos cumpliendo el ritmo, pero muy muy justito. Le doy las gracias y acelero un poco.
Kilómetro 20, veo el estadio a lo lejos, 5 minutos para la gloria. Tengo que acelerar un poco más, ya que el kilometraje parece que va a ser algo más de 21,1 km. Miro el reloj y hago cálculos, parece que lo voy a conseguir.
Giro a la derecha y entro al estadio. Últimos metros, acabando a muy buen ritmo. No hay cronómetro oficial en la línea de meta, lo echo de menos. Entro en meta y paro el crono: 1 hora 40' 00''... increíble!!! Lo vuelvo a mirar, más ajustado imposible.
Estoy exhausto, intento recuperar el aliento. Por fin lo logré, tras varios intentos fallidos. Se estaba convirtiendo en una obsesión, pero fin de la historia. Séptima participación en una Media Maratón y muy contento y feliz.
El año que viene volveré a Málaga, pero la quiero disfrutar de un modo distinto...
Me invade una sensación de calma, mezclada con esos nervios que siempre se tienen antes de una carrera. No es el día más propicio para intentar conseguir el objetivo, pero no adelantemos acontecimientos.
Ilusión intacta,con las ganas de siempre. Inquieto y concentrado, caliento bajo una suave y persistente lluvia. Me encanta este ambiente de las carreras.
Por suerte, consigo colocarme bastante bien en la zona de salida, incluso por delante de la liebre de 1h 40'.
9:30 h. en punto y empieza la carrera. Ha dejado de llover, pero está todo mojado y hay bastantes charcos, alguno que otro bastante considerable.
Tras los 2 primeros kilómetros compruebo que he salido bien, al ritmo deseado, incluso unos segundos más rápido. He conseguido evitar aglomeraciones y cojo velocidad de crucero. Voy por delante de la liebre, pero voy al ritmo correcto. Es increíble la cantidad de gente que hay animando, a pesar de que el día no acompaña.
Ni rastro de la lluvia, aunque sigue el día nublado. Se agradece, mejor correr así que con un sol de justicia y con calor.
Voy devorando kilómetros y siguen saliendo los tiempos, manteniendo un ritmo constante. Hoy sí, hoy voy súper, con esa marcha más, ese puntito extra que he echado en falta tanto tiempo.
Paso por el kilómetro 8 y tengo a la liebre aún por detrás, a unos 50 metros, acercándose poco a poco: es una buena señal, muy buena.
Voy bastante cómodo, sin sufrir, y de repente me doy cuenta de algo. Acabo de darme cuenta de que llevo disfrutando de ésta carrera no desde la salida, sino desde hace 9 semanas. Me siento mentalmente en paz, he hecho mi trabajo, sin excusas. Le he dedicado toda mi ilusión a estos 2 meses de entrenos, nunca me rendí.
Paso por el ecuador de la carrera, kilómetro 10 y avituallamiento, importante hidratarse bien. He cambiado cosas, este año no me tomaré el gel, probaremos así.
La banda sonora de la carrera nunca falla. Todos los años, animando, con una música instrumental que personalmente siempre me pone la carne de gallina y me motiva.
Kilómetro 11 y me alcanza la liebre. El momento ha llegado, marcaje al hombre.
No hay excusas, no se me puede escapar bajo ningún concepto. Los tiempos siguen saliendo, es sorprendente que marco ritmos muy constantes un kilómetro tras otro, salvo alguna excepción.
Nos acercamos al centro histórico, y me preocupa ese tramo: suelo resbaladizo y estrechamientos. Espero no perder ritmo y no perder tiempo.
La verdad es que el recorrido es precioso, atravesando zonas peatonales y sintiendo el calor de la gente. Es ahí cuando te das cuenta realmente de la gente aplaudiendo, animando, gritando...ufffff.
Sentir estas cosas es lo que me hace desear volver cada año: es difícil conseguir que no se me salte alguna que otra lágrima.
Paso por el kilómetro 15 y apenas he perdido tiempo por las calles del centro. Sigo en condiciones de conseguirlo. Aprieta un poco la liebre, y me empieza a costar seguirla, es hora de apretar los dientes, empiezo a sufrir. Nunca pensé que iba a ser fácil, es la hora de la verdad.
Me encuentro mentalmente fresco, voy bien de ritmo cardiaco y respiración, pero empiezan a pesar las piernas.
Se me escapa la liebre unos metros, pero la tengo ahí, a 10-12 segundos. No la alcanzo pero tampoco se sigue alejando. Estoy tranquilo, sigo cumpliendo los tiempos, pero continúo sufriendo.
Kilómetro 17 y giro a la derecha, enfilando el paseo marítimo. A partir de aquí el recorrido es todo recto hasta llegar al estadio. Faltan sólo 4 kilómetros, hay que resistir. En menos de 20 minutos todo habrá acabado.
Apenas sopla el viento, no llueve y hace una temperatura ideal para correr. Me concentro en mi respiración. No consigo librarme de ésta sensación de pesadez en las piernas, pero mantengo el ritmo.
Me abstraigo de todo, entro en una especie de túnel. Me acerco a la liebre, poco a poco. Estoy logrando mantener el ritmo e incluso aumentarlo mínimamente.
Alcanzo a la liebre justo en el kilómetro 19, nunca perdí la referencia visual de ese globo azul. Me pego a él. Le pregunto y me confirma que vamos cumpliendo el ritmo, pero muy muy justito. Le doy las gracias y acelero un poco.
Kilómetro 20, veo el estadio a lo lejos, 5 minutos para la gloria. Tengo que acelerar un poco más, ya que el kilometraje parece que va a ser algo más de 21,1 km. Miro el reloj y hago cálculos, parece que lo voy a conseguir.
Giro a la derecha y entro al estadio. Últimos metros, acabando a muy buen ritmo. No hay cronómetro oficial en la línea de meta, lo echo de menos. Entro en meta y paro el crono: 1 hora 40' 00''... increíble!!! Lo vuelvo a mirar, más ajustado imposible.
Estoy exhausto, intento recuperar el aliento. Por fin lo logré, tras varios intentos fallidos. Se estaba convirtiendo en una obsesión, pero fin de la historia. Séptima participación en una Media Maratón y muy contento y feliz.
El año que viene volveré a Málaga, pero la quiero disfrutar de un modo distinto...
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